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Reseña de fin de año


Si algo tiene el ser humano que lo distingue del resto de los animales, es justamente su capacidad para relacionarse e interactuar con sus pares. Esta condición, generalmente le es atribuida al Hombre, como parte de su inteligencia, sin embargo y paradójicamente, el ser humano, cuando se agrupa en masa, es justamente cuanto menos inteligencia demuestra.

El ser humano es un ser gregario, un ser social, pero de ninguna manera, es un ser “masivo”, definitivamente, el espíritu de “manada” no le sienta nada bien.

Por el contrario, en el Hombre, confluyen las condiciones individuales con una innata capacidad, para la organización selectiva. La asociación puntual, para alcanzar un objetivo común.

La suma de las capacidades individualidades, cuando no se pierde esa primera condición, se convierten en una capacidad de acción increíblemente arrolladora, porque a diferencia de las masas, estas mantienen su inteligencia, su racionalidad y su creatividad, pero potenciadas en grado superlativo.

Este es origen de las primeras comunidades, siempre basadas en la estructura celular de la familia y el clan, donde se mantiene incólume el sentido de identidad individual, pero unido al de pertenencia al grupo.

Esta situación, es producto del orden natural. Y en ese orden natural, la natural inteligencia del Hombre tiene “su lugar”.





Pero como todo, en este universo racionalmente “humanizado”, cuando no “virtualizado” o idealizado por el propio ser humano, las aberraciones y desviaciones resultan inevitables.

Un exceso de “intelectualización” del justo orden de la naturaleza, puede dañar seriamente este delicado equilibrio.

La supuesta búsqueda de la perfección, la instalación de las verdades “ideales” como si fueran verdades “reales” y “naturales”, han llevado a la humanidad a “forzar la rosca”, a llevado las cosas varios puntos más allá del límite que establece el delicado equilibrio natural, que de “ideal” tiene muy poco y de real lo tiene TODO.

Apartados del esencial camino de la naturaleza, los humanos hemos construido, a través de los siglos y con la impresionante fuerza de nuestra afiebrada imaginación, verdaderas trampas ideológicas, que lejos de aportar a la humanidad, el anhelado bien común, nos han llenado de injusticias y aflicciones por doquier.




La Sociedad Humana actual, en particular la occidental, ha terminado por entender y elevar al rango de “Verdad Revelada” el sofisma de que las mayorías tienen el legitimo derecho de gobernar y administrar las sociedades. Cuando cualquier desprevenido sabe, entiende y comprende, a poco de observar detenidamente a esas mismas sociedades, que la mayoría de todo es vulgar y mediocre. Así, cuando entronizamos, “democráticamente” la voluntad de las mayorías, lo que en verdad entronizamos, es la mediocridad. Algo que atenta claramente con la natural evolución superadora, que propone desde siempre la madre naturaleza.

Ya no lideran nuestras sociedades “los mejores”, esos pocos que en algo, superan la media, sino los “más populares”, los que más se nos parecen en nuestros defectos y miserias, los más vulgares y de esta manera, nuestro camino se aleja cada vez más del ideal superador que el orden natural reservaba para cada especie, en camino inexorable de la evolución.




El Hombre, el más “inteligente y racional” de los animales, la expresión de vida organizada con mayores posibilidades de supervivencia y bienestar, el elegido de los Dioses de todas las creencias, no ha podido consigo mismo. Su libertad de pensar y de elegir quedó claramente subordinada al peor de sus sentimientos: la envidia, que entre otras miserias, le impide ver, reconocer y aceptar la superioridad ajena.

Cualquier lobo se reiría de nosotros, si se diera cuenta, que socialmente, no tenemos la menor capacidad para reconocer las virtudes, por sobre los defectos, a la hora de seleccionar a nuestros lideres naturales, si notara que anteponemos nuestro miserable resentimiento y egoísmo al interés general del grupo y de la especie.




Pero nosotros los humanos no reímos, antes bien, marchamos, gritamos y exigimos que se haga la voluntad de la mayoría, somos “democráticos” y como mayoría “no nos equivocamos nunca”, como aquella vez, en que puestos a elegir, entre Jesús y Barrabas: elegimos a Barrabás.

La humanidad todavía conserva alguna posibilidad de alcanzar el bienestar general. Material y científicamente, el hambre, las guerras y las enfermedades pueden ser vencidas y controladas, tenemos las herramientas para hacer de este mundo, un mundo mucho mejor, pero primero debemos extinguir en nuestro interior, las llamas del egoísmo y la envidia, debemos APRENDER a elegir a nuestros mejores pares, a reconocer la superioridad del otro cuando se manifiesta, a delegar, a mandar y a ser mandados, debemos reaprender el orden natural y empezar a funcionar en sociedad, en equipo, privilegiando el bien común, despojándonos de todo sentimiento avaro y mezquino, sólo así conseguiremos destronar la mediocridad y reencauzar nuestro camino hacia la superación espiritual y material que en los orígenes de la creación nos fuera otorgada.


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Ilustraciones: BIEN, GRACIAS. ¿Y USTED? -QUINO 1976
EDICIONES DE LA FLOR -Segunda Edición, marzo 1985
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Autor: GAM
República Argentina
 
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