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BARAJAR Y DAR DE NUEVO.


En algún momento perdimos el camino. ¿Cuándo y dónde?, tal vez sea lo que menos importe, el “porque” a esta altura del partido, probablemente tampoco.

De los “barcos”, dicen que “venimos” los argentinos... ¡Qué disparate!, de los barcos habrán venido los españoles, italianos, alemanes, rusos, ingleses, franceses, etc... los argentinos, nosotros, somos industria nacional y se nota. Estamos hechos acá mismo, eso sí, con la materia prima que supimos importar, vaya a saber, en que deficientes condiciones de embalaje.

Nada queda ya de aquellos primeros “argentinos”, los criollos ingenuos, predispuestos a concurrir con su flete, su alma y su pellejo, a cuanta patriada se les presentaba.

Orgullosos y libres por naturaleza, indómitos como el desierto que supieron conquistar, aunque más no sea, para regalarlo luego, a cuanto advenedizo arribó a estas orillas del Atlántico, con el firme y egoísta compromiso de “hacerse” “la américa”, pues la América, así, con mayúsculas, ya estaba hecha por otros, esos mismos que la regalaron junto a su vida, por falta de ambición, tomando a cambio, sólo un poco de yerba, tabaco o aguardiente.

En esta historia no hay ni buenos ni malos, hay nostalgia, cada uno hizo lo que sabía hacer, lo que quería hacer; los gauchos, buscaron su libertad definitiva y completa, en el amasijo patriota de una carga de caballería y los gringos se aferraron al arado para construir un futuro menos miserable para su descendencia.

Los argentinos actuales no somos ni lo uno ni lo otro y tristemente mucho menos somos la mezcla de ambos. Los argentinos somos una argamasa de egoísmo, oportunismo, cinismo y cuanto “ismo” despectivo se nos pueda llegar a ocurrir. Bien nos merecemos, porque con ahínco las hemos ido construyendo, cada una de las desgracias que nos afligen y nuestro origen es tan ignoto como el origen de cualquier cosa que no existe, porque señores, si algo queda claro que no existe, es justamente la “argentinidad”. “Argentino” desde la instauración vergonzosa y vergonzante, de la ley de blanqueo de capitales, más que un gentilicio, es hoy, para el mundo, un calificativo moral, para ser mas preciso, un calificativo que indica dudosa moral.

Por eso, en esta entrada, no voy a desearle Feliz Navidad a ningún “argentino” actual, me voy a bajar del ridículo y gélido pino boreal, le voy a mandar un telegrama de despido al payaso barbudo de las bolas brillantes, voy a desatar y soltar a esos pobres renos deshidratados, me voy a calentar una pava de agua y sentada a la sombra de algún árbol le voy a desear Feliz Navidad al único, que por sus méritos, me parece merecerlo: mi perro.





Autor: GAM
República Argentina

Reseña de fin de año


Si algo tiene el ser humano que lo distingue del resto de los animales, es justamente su capacidad para relacionarse e interactuar con sus pares. Esta condición, generalmente le es atribuida al Hombre, como parte de su inteligencia, sin embargo y paradójicamente, el ser humano, cuando se agrupa en masa, es justamente cuanto menos inteligencia demuestra.

El ser humano es un ser gregario, un ser social, pero de ninguna manera, es un ser “masivo”, definitivamente, el espíritu de “manada” no le sienta nada bien.

Por el contrario, en el Hombre, confluyen las condiciones individuales con una innata capacidad, para la organización selectiva. La asociación puntual, para alcanzar un objetivo común.

La suma de las capacidades individualidades, cuando no se pierde esa primera condición, se convierten en una capacidad de acción increíblemente arrolladora, porque a diferencia de las masas, estas mantienen su inteligencia, su racionalidad y su creatividad, pero potenciadas en grado superlativo.

Este es origen de las primeras comunidades, siempre basadas en la estructura celular de la familia y el clan, donde se mantiene incólume el sentido de identidad individual, pero unido al de pertenencia al grupo.

Esta situación, es producto del orden natural. Y en ese orden natural, la natural inteligencia del Hombre tiene “su lugar”.





Pero como todo, en este universo racionalmente “humanizado”, cuando no “virtualizado” o idealizado por el propio ser humano, las aberraciones y desviaciones resultan inevitables.

Un exceso de “intelectualización” del justo orden de la naturaleza, puede dañar seriamente este delicado equilibrio.

La supuesta búsqueda de la perfección, la instalación de las verdades “ideales” como si fueran verdades “reales” y “naturales”, han llevado a la humanidad a “forzar la rosca”, a llevado las cosas varios puntos más allá del límite que establece el delicado equilibrio natural, que de “ideal” tiene muy poco y de real lo tiene TODO.

Apartados del esencial camino de la naturaleza, los humanos hemos construido, a través de los siglos y con la impresionante fuerza de nuestra afiebrada imaginación, verdaderas trampas ideológicas, que lejos de aportar a la humanidad, el anhelado bien común, nos han llenado de injusticias y aflicciones por doquier.




La Sociedad Humana actual, en particular la occidental, ha terminado por entender y elevar al rango de “Verdad Revelada” el sofisma de que las mayorías tienen el legitimo derecho de gobernar y administrar las sociedades. Cuando cualquier desprevenido sabe, entiende y comprende, a poco de observar detenidamente a esas mismas sociedades, que la mayoría de todo es vulgar y mediocre. Así, cuando entronizamos, “democráticamente” la voluntad de las mayorías, lo que en verdad entronizamos, es la mediocridad. Algo que atenta claramente con la natural evolución superadora, que propone desde siempre la madre naturaleza.

Ya no lideran nuestras sociedades “los mejores”, esos pocos que en algo, superan la media, sino los “más populares”, los que más se nos parecen en nuestros defectos y miserias, los más vulgares y de esta manera, nuestro camino se aleja cada vez más del ideal superador que el orden natural reservaba para cada especie, en camino inexorable de la evolución.




El Hombre, el más “inteligente y racional” de los animales, la expresión de vida organizada con mayores posibilidades de supervivencia y bienestar, el elegido de los Dioses de todas las creencias, no ha podido consigo mismo. Su libertad de pensar y de elegir quedó claramente subordinada al peor de sus sentimientos: la envidia, que entre otras miserias, le impide ver, reconocer y aceptar la superioridad ajena.

Cualquier lobo se reiría de nosotros, si se diera cuenta, que socialmente, no tenemos la menor capacidad para reconocer las virtudes, por sobre los defectos, a la hora de seleccionar a nuestros lideres naturales, si notara que anteponemos nuestro miserable resentimiento y egoísmo al interés general del grupo y de la especie.




Pero nosotros los humanos no reímos, antes bien, marchamos, gritamos y exigimos que se haga la voluntad de la mayoría, somos “democráticos” y como mayoría “no nos equivocamos nunca”, como aquella vez, en que puestos a elegir, entre Jesús y Barrabas: elegimos a Barrabás.

La humanidad todavía conserva alguna posibilidad de alcanzar el bienestar general. Material y científicamente, el hambre, las guerras y las enfermedades pueden ser vencidas y controladas, tenemos las herramientas para hacer de este mundo, un mundo mucho mejor, pero primero debemos extinguir en nuestro interior, las llamas del egoísmo y la envidia, debemos APRENDER a elegir a nuestros mejores pares, a reconocer la superioridad del otro cuando se manifiesta, a delegar, a mandar y a ser mandados, debemos reaprender el orden natural y empezar a funcionar en sociedad, en equipo, privilegiando el bien común, despojándonos de todo sentimiento avaro y mezquino, sólo así conseguiremos destronar la mediocridad y reencauzar nuestro camino hacia la superación espiritual y material que en los orígenes de la creación nos fuera otorgada.


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Ilustraciones: BIEN, GRACIAS. ¿Y USTED? -QUINO 1976
EDICIONES DE LA FLOR -Segunda Edición, marzo 1985
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Autor: GAM
República Argentina

Te invito a no comer juntos


En los orígenes sociales del “brindis” se encierra la tradición de expresar un deseo y dejar en manos de “la providencia”, a quien hemos ofrendado el magro sacrificio de haber empinado el codo, la ciclópea tarea de cumplirlo.
Hoy había pensado en “brindar” por todos aquellos hermanos que nada tienen. En incluirlos en mi corazón, en el sublime instante de un recuerdo... y me di cuenta que estaba prematuramente “en pedo”.

Hoy no quiero “brindar” por nada, ni por nadie. Recién ahora, me doy cuenta del peligro que encierra esa trampa dialéctica... es como comer hasta el hartazgo, en honor de quienes se mueren de hambre, algo que más que llana hipocresía, raya sinceramente, lo pornográfico.

Así que en lugar de brindar, invito a todos los que me lean y quieran hacerlo a comprometernos, si COMPROMETERNOS, ésta misma media noche y de ahora en más, a cada día 29, reunirnos espiritualmente a NO COMER JUNTOS. Y sostener ésta tradición y compromiso, hasta que no quede un sólo argentino con hambre, sobre este bendito país.

Los argentinos siempre nos vanagloriamos de ser un pueblo solidario, yo, aunque tengo mis dudas, me he propuesto demostrarlo. Y si esta acción funciona en nuestra patria, entonces si estaremos en condición de exportar una idea positiva al resto del mundo y de no ser conocidos simplemente, por salir a golpear cacerolas, cuando nos meten la mano en el bolsillo, los ladrones de turno que supimos elegir.

Dicen que los argentinos somos solidarios, entonces intentemos demostrarlo. Cada familia que haga ayuno los días 29, colgara un paño blanco en alguna ventana de su casa para expresar su adhesión al pacifico movimiento.

La idea es, que todos los alimentos que las familias no consuman en esos días, se distribuyan entre quienes no tienen que comer la mayoría de los días del año.

Si las leyes del mercado se cumplen, estoy segura que a más de uno le convendrá ser generoso.

En muy pocos años, no se ni como, ni quien, desafiando hasta el menor sentido de la higiene, logró imponer la costumbre de comer ñoquis los días 29, colocando un mugroso billete bajo el plato. Esta costumbre se consolidó de la mano de una avara superstición. La creencia popular, asegura que al roñoso que haga esto, milagrosamente le irá mejor, en el plano económico.

Muy bien, entonces, si en verdad los argentinos somos mas solidarios que mugrientos, esta idea debe prosperar, convertirse en tradición y devolvernos un poquito de nuestro orgullo.

Al son del redoble que toquen nuestras tripas vacías, marcharemos orgullosos en contra del hambre y la injusticia y como somos Argentinos, nos quedará siempre el mate, como aliado para enfrentar esta gesta.



Feliz Año para todos los que me sigan...



Autor: GAM
República Argentina

Carta abierta a mis hermanos humanos


Con copia a los extraterrestres de las Galaxias vecinas.


Hace tiempo que me había propuesto escribir estas líneas, varias circunstancias habían dispersado mi esfuerzo y atención hacia otras urgencias. Pero el tiempo es tirano y la vida se me viene encima, hoy siento la perentoria necesidad de hacerlo, de no dejarlo pasar un sólo momento más. Podría buscar una excusa astronómica y decir como los antiguos, que los astros del firmamento se encuentran en alguna mágica y oportuna posición. Podría decir, entrando en un plano más esotérico, que “algo” o “alguien” me dice que lo haga o que desde otra dimensión, recibo la señal que me indica que “este” es el momento. Sin embargo y como casi siempre, la realidad es mucho más prosaica y la realidad dice, simplemente, que escribo ahora, porque ahora “se me canta”….


¡Cuánta libertad!... algunas centurias atrás, semejante negación de la divina inspiración me hubieran condenado a la más oprobiosa de las descalificaciones y hasta incluso, a la hoguera… pero corre el 2009… ya pasaron ocho largos años de aquella fecha emblemática, en la que para algunos llegaría el fin del mundo y para otros, habría que empezar a saltar de gozo al pedo, en una suerte de “jubileo” tan infundado como pelotudo … en fin, que quieren que les diga, hermanos humanos y primos humanoides, para mi, no fue, ni lo uno, ni lo otro… y además tengan en cuenta que yo escribo desde la Argentina y eso, como está científica e históricamente demostrado, siempre cambia bastante la perspectiva.

Bueno, el año 2000 no nos trajo el fin del mundo, pero por imposición de la aritmética, lo que si nos trajo, fue el 2001, número que en mi país es sinónimo de “casi” todos los males. Para que lo entiendan mis congéneres del resto del planeta, acá, decir 2001 sin decir “crisis”, es como hablar de “los Medos”, sin mencionar a “los Persas”.

Para el hipersensible bolsillo de algunos de mis compatriotas, ese fue el año más negro de nuestra argentinidad. Tan negro fue, que justificó, que en previsión de nuevas debacles por el estilo, mis conciudadanos eligieran, para conducir los destinos de nuestra Nación, a un mamarracho, física y moralmente “impresentable”y no satisfechos, con sus cuatro años de palmarias demostraciones de resentimiento, inescrupulosidad y vilezas de toda índole, confirmaran nuevamente en las urnas por cuatro años más, “la continuidad del modelo”, dejándonos esta vez, en manos de una siliconada marioneta, a la sazón, la propia consorte del primer impresentable, nuestra actual presidenta.

Lo mejor del caso, es que todo el precio “moral”, que como sociedad pagamos en aras de una supuesta estabilidad económica, lo pagamos al pedo. La “crisis del 2001”, fue, a la crisis global, cuyos nefastos efectos se avecinan, un resfrío comparado con una neumonía galopante. Sólo que esta vez, “el paciente” carece abrigo, se le acabaron los remedios y además esta “solo” y peleado con toda su familia.

Pero que le vamos a hacer, los argentinos, los habitantes de esta parte del planeta Tierra somos así… siempre cuidando el bolsillo y siempre descuidando el orto, perdón el “otro” lado de las cosas.

Cuando aplaudimos el “default nacional”, (algo así como si un comerciante o industrial aplaudiera su propia quiebra), de alguna manera, le mostramos al mundo, que un extraño fenómeno osmótico, solo posible en estas latitudes, había finalmente desplazado de nuestras seseras la poca materia gris presente, remplazándola, indudablemente, por abundantes cantidades de materia fecal.

Y en sintonía con la materia que rige nuestras decisiones, de allí en más, todo comenzó, inexorablemente, a volverse un poco más marrón cada día.

Así las cosas, llegamos al día de hoy, al día en que finalmente se me da por escribir estas opiniones, que resultan en un escatológico análisis de la realidad social de nuestro país. Precursores de todas las calamidades y detractores de toda superación, dentro de poco y de seguir por este camino, el análisis de nuestra sociedad ya no será el terreno de trabajo de sociólogos y filósofos, sino de bioquímicos.

El egoísmo nos cercó y fagocitó. Cedimos todos nuestros principios e ideales a cambio del relevo de cualquier esfuerzo o sacrificio. Exigimos bienestar y como a los Maderos de San Juan, que piden pan y no le dan, ahora sólo falta que nos corten el pescuezo, porque “el queso”, como todos sabemos, ya se lo repartieron los cleptócratas que conforman nuestros sucesivos y “legítimos” gobiernos “democráticos”.

Ahora, que si hacemos un esfuerzo y logramos drenar un poco de la mierda que nos obnubila, digamos, hasta que el fétido nivel descienda por debajo de los ojos, podremos ver la magnitud del “cagadón” que nos hemos mandado. Podremos ver como en pocos años se han degradado todas nuestras instituciones. Podremos ver como la seguridad y la justicia, dejaron de ser servicios exigibles, para convertirse en meras expresiones de deseo insatisfecho. La educación se ha convertido en una corporación de permanentes demandantes de mejoras y prebendas sectoriales, que canalizan sus esfuerzos, en “deformar”, con todo el ímpetu de su “vocación”, las presentes y futuras generaciones de argentinos, con los resultados que ya están a la vista. Nuestra cultura y nuestra historia tampoco se han mantenido a salvo. Puestas en custodia, de lo más granado y representativo del pensamiento subversivo, es aquí, tal vez, donde justamente comenzó todo.

Hemos perdido definitivamente nuestro orgullo nacional y lo hemos perdido el mismo día y en el mismo lugar, que perdimos la vergüenza. Cuando le dimos la espalda a la historia, negando aquello mismo que habíamos visto con nuestros propios ojos. Cuando decidimos “creer” por necesidad, resentimiento o conveniencia, una historia que sabíamos tan falsa, como la más fantástica de las fábulas. Y así, en el mismo momento en que “aparecieron” en la “memoria artificial” los supuestos 30.000 desaparecidos, desaparecimos el resto de los 35.000.000 de argentinos.

Cuando traicionamos a nuestras instituciones, nuestros hombres y nuestros símbolos para asegurarnos la consolidación de la mentira “democrática”, sellamos nuestro destino. Pero no nos quedamos ahí, como si no fuera para nosotros, como sociedad, ya suficiente la vergüenza, no vacilamos en encarcelar a nuestros soldados, premiar a sus enemigos y terminar con todo vestigio de nacionalidad y patriotismo.

Alguno de mis compatriotas ya se habrán preguntando por qué le escribo esta carta abierta, focalizada en problemas tan nuestros, al resto de mis hermanos humanos y extraterrestres vecinos. Lo hago, justamente, porque apelo a que la imbecilidad sea simplemente un fenómeno local, a que la ola de mierda no haya llegado tan lejos y entonces, si alguien me escucha, a lo mejor todavía puedo albergar, la remota esperanza de un rescate.


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Autor: GAM
República Argentina

MATERIALISMO Y DISOLUCIÓN NACIONAL. HISTORIA DE UNA ESTAFA.


El socialismo es una filosofía económica surgida del seno del materialismo.

Políticamente hablando, quienes sostienen sus postulados, (con excepción de Mao Tse Tung), lo consideran como una consecuencia natural e inevitable de la evolución del capitalismo.

Para los teóricos del socialismo, éste surgiría naturalmente, con la inevitable crisis del capitalismo. El exceso de producción, basado en el interés que despertaría en el capitalismo, la insaciable búsqueda de los beneficios de la plusvalía, generaría un descontento masivo y un enfrenamiento inevitable, entre los dueños de los medios de producción y el proletariado, es decir los trabajadores. Esto ocurriría en los países más industrializados, y el mismo enfrentamiento, se produciría en los países menos industrializados, entre los dueños de la tierra, los “Terratenientes” y el campesinado.

La lucha de clases, derivada de la diferencia cuantitativa en la distribución de la riqueza generada, plantearía el surgimiento de un nuevo marco económico y social, donde el reparto debería terminar siendo mucho más justo y equitativo. El orden administrativo de los estados modernos debería adoptar este nuevo modelo social o perecer en los interminables enfrentamientos productos de la lucha de clases.



En eso andaban los socialistas teóricos, cuando algunos referentes mucho más “prácticos” de este “pensamiento”, precipitaron la revolución de octubre en la Rusia Zarista.

La Rusia de los zares, no era ni por asomo una nación industrializada, carecía de un proletariado numeroso y representativo y el capitalismo, en esos parajes, aun no se había instaurado y por lo tanto mucho menos había llegado a su “inevitable” crisis. Por el contrario, la Rusia de 1917, todavía era un estado cuasi feudal.

Los Revolucionarios del Octubre Rojo en particular los bolcheviques liderados por Lenin, conscientes de esta situación se enfrentaron con los mencheviques, más teóricos ellos, sosteniendo que una vez producida la revolución en Rusia, independientemente de las condiciones locales, serviría para acelerar las revoluciones en aquellas naciones donde las condiciones, a su entender, si que estaban más que maduras, es decir Inglaterra y Alemania.

Si existe una característica común a casi todos los “socialistas”, a través de la historia, es su increíble capacidad, para entender y aplicar, como realidades científicas, las cosas que se imaginan. Y ya sabemos lo prolífica que puede resultar la imaginación de estos personajes.



Inglaterra, en el siglo XIX era la dueña indiscutible de los mares del mundo y la potencia colonial más extensa y poderosa que haya existido. Dueña de extensas posesiones en ultramar, si alguien no tendría problemas de mercado donde colocar manufacturas a cambio de materias primas y no tenía ninguna razón porque temer la suba incontrolable del precio de los commodities, ese era el Reino Unido de la Gran Bretaña. Por si esto fuera poco, la clase trabajadora MAS CONSERVADORA del planeta era (y sigue siéndolo) la clase trabajadora británica.

Alemania, la vieja Germania, si algo realmente preocupaba a estos muchachos era su Patria. Pretender enfrentar a su pueblo por razones materiales, era una idea que sólo pudo surgir en la afiebrada imaginación de un judío apátrida como Marx. No entender el nacionalismo y patriotismo del pueblo alemán, es no entender Europa. Además, este espíritu de nación, no sólo une a los Alemanes entre si, sino a estos, con sus hermanos Austriacos, Checoslovacos y Suizos… pavada de familia!

Pretender cambiar el espíritu de los Junkers, en base a sentimientos tan mezquinos como la desigual (y para estos pueblos más que natural) distribución de la riqueza, es no conocer, ni superficialmente a estos grandes pueblos.

Como vemos, el origen, pretendidamente “científico” del socialismo, fue poco menos que una quimera, donde las realidades, estuvieron ausentes sin aviso, desde el primer momento.




Así las cosas, el espíritu “internacionalista” y el modelo “exportable” del socialismo internacional del bolchevismo: ¡Trabajadores del mundo uníos! ,fue el primero de los grandes disparates, a los que se sumaron: el delirio de Trotsky de la Revolución Permanente y los intentos de la Internacional Socialista por sumir a toda la humanidad en una interminable lucha de clases, que acabaría inexorablemente con las fronteras geográficas, pero únicamente para reemplazarlas por nuevas e imprecisas, fronteras de “clase” o “ideológicas”.

En el clímax del disparate, los socialistas concebían un nuevo orden mundial sin fronteras, ni naciones, donde los “proletarios” y “campesinos” de todas las naciones se liberarían definitivamente de la explotación capitalista para vivir en una armónica y eterna paz.

Cuando se refieren a este “mundo ideal” los “socialistas románticos” lo hacen usando el término de “UTOPIA”, pero dejando de lado cualquier licencia poética, a todas luces resulta evidente, que semejante planteo, no era otra cosa, que una hábil maniobra de propaganda en la cual sólo creerían los desprevenidos incautos, que con el tiempo, pasarían a integrar las vastas legiones de idiotas útiles.




Los pueblos de las naciones libres de la Europa de principios de siglo XX, vieron en esta “ideología” (el socialismo) un peligro sustancial para su propia supervivencia, desarrollando cada uno de ellos, los anticuerpos más eficaces.

A las viejas recetas materialistas del siglo XVIII y XIX: el capitalismo y el socialismo, se les interpuso, con la fuerza de la vieja Europa, los nuevos movimientos nacionales que plantearon la INTEGRACION DE CLASES por sobre el ENFRENTAMIENTO DE CLASES. Un trabajador ingles, antes que trabajador, es INGLES, un trabajador Alemán antes que trabajador, es ALEMAN y así, en mayor o menor medida, el fenómeno de los nacionalismos europeos es una constante. Si no me creen, los invito a darse una vuelta por el viejo continente y comprobarlo personalmente.

Estos nacionalismos exacerbados, inevitablemente terminaron enfrentándose en dos guerras mundiales, en ambos casos, instigadas y fogoneadas desde la lejana América septentrional, paraíso sionista masónico, que desde su propio origen, se reservó como reducto de la diáspora, para desde allí, completar el viejo sueño de dominación hegemónica del “pueblo elegido” sobre el resto de la humanidad.



Ya veremos en otras entradas, como degeneró esta idea, en que se convirtió y si la historia tiene un ejemplo del surgimiento de un “hijo macho”, los EE.UU, son uno de los más acabados ejemplos.

Pero volvamos a 1917 y a los “socialistas”, que científicamente, están empeñados en construir el engendro de la Unión Soviética. Como el Dr. Frankenstein, cometen su primer error en desafiar el orden natural, el orden divino, al pretender dar vida al mamarracho inconexo.

Las naciones y pueblos que integraban la santa Rusia de los zares, no tenían ningún otro denominador común, que no fuera su religión.

En todo lo demás eran diferentes. Como pueblos y como naciones, ninguno tenía nada que ver con el otro, sólo una misma fe y una misma corona podían mantenerlos unidos.
El socialismo, se encargó de destruir ambas y estos pueblos perdieron su alma. Alma que recién recobrarían a finales del siglo XX, cuando el estrepitoso fracaso del socialismo soviético, les permitió recuperar sus identidades nacionales.

Otro error de los “científicos” y ya van…




Pero mientras el monstruo materialista respiraba y fagocitaba los recursos y las libertades de quienes tenían la desgracia de caer en la órbita de sus intereses. Los “socialistas internacionales” no dejaron de intentar “exportar” los “beneficios” de la Revolución y sus “cuestionables” ideas, a cuanto pueblo o nación, cayeran bajo su mira.

Construyeron con la paciencia de un autista, una impresionante red internacional de idiotas útiles, guerrilleros de pacotilla, sicarios bien pagados y pseudo intelectuales para inocular en las desprevenidas sociedades, un veneno para el cual todavía no se conoce antídoto: EL VENENO DE LA IMBECILIDAD SOCIAL. Veneno que encontró su mejor medio de propagación en las democracias partidocráticas que permiten que estos verdaderos especimenes de laboratorio, continúen pululando y sobreviviendo en los cuerpos políticos y sociales de las naciones, eso si, mutando su apariencia y adoptando ahora, el disfraz y el nombre de “progresistas” porque el otro disfraz, ya está demasiado “quemado”.

Pero ahora dejemos por el momento el análisis historiográfico de los remotos orígenes del socialismo y sus fracasos, para centrarnos en sus consecuencias. La primera consecuencia fue el surgimiento en Europa de los nacionalismos sociales, como natural reacción a la agresión intelectual y material, que representaba la amenaza soviética de exportación de su nefasto y sangriento modelo. Ya veremos como en Latinoamérica ocurrió algo similar, con el intento “socialista” de exportación e instauración del modelo socialista cubano.

Los nacionalismos europeos incorporaron a sus idearios, una importante cantidad de cambios sociales, para enterrar definitivamente las estructuras económicas con reminiscencias feudales. La integración de las diferentes clases sociales se fue dando, como es natural, sobre la base de la unidad étnica y religiosa de los pueblos y sobre las fuertes identidades nacionales.

La integración de los diferentes estamentos sociales, con el objeto de impulsar el ideal de Nación, permitió alcanzar, a las clases más humildes de estos pueblos, un elevado grado de prosperidad y justicia social, al tiempo que incrementó, en grado superlativo, la voluntad productiva de los trabajadores, que ahora sumaban, a sus legítimas y satisfechas aspiraciones de bienestar, el incentivo de saber, que su esfuerzo estaría al servicio del engrandecimiento de su propia Nación. Esta combinación de bienestar personal, orgullo satisfecho y esfuerzo combinado, arrojó resultados impresionantes. El Nacionalismo Social surgió como el primer movimiento político y filosófico del siglo XX.

Sus logros comenzaron a eclipsar toda posibilidad de éxito continental al resentido modelo soviético y el fortalecimiento y resurgimiento del poderío europeo también comenzó a preocupar seriamente a los ideólogos norteamericanos del imperialismo del capital.

Tal vez ahora, no fuera tan fácil concretar el sueño hegemónico materialista impulsado desde la sucursal americana del sionismo internacional.

La posibilidad de una Europa federalmente unida, donde el discurso de la injusticia social ya no tuviera efecto alguno, donde las fuertes tradiciones monárquicas, impedían la proliferación de las partidocracias corruptas y económicamente manejables. Donde los lideres populares compartían el poder con la nobleza y la iglesia, resultó demasiado para los instigadores del odio y la disolución. Por primera y única vez, el capitalismo imperialista americano, se alió con sus acérrimos enemigos, los “socialistas soviéticos”, para destruir el germen de la unidad europea. El sueño de Carlomagno, el sueño pan germánico de unidad continental europea de Bismark y Adolf Hitler, debían ser necesariamente aplastados por los dos colosos del materialismo. No es casual que la estrella roja, la estrella blanca y la estrella de seis puntas, se hayan unido para vencer la cruz.




La URSS y los EEUU unieron sus esfuerzos para terminar de una buena vez con esta “amenaza”, luego habría tiempo, para definir cual de los dos, se quedaría finalmente con el mundo.

Sólo la milenaria Iglesia Católica advirtió tempranamente la maniobra y hasta el día de hoy se la acusa de “complicidad”… la pregunta es: ¿complicidad para que? ¿Para salvar al mundo del imperio del materialismo?... Si es así, entonces, la complicidad es históricamente cierta.

Norteamérica instigó a Gran Bretaña, resucitó la teoría del Heartland y el peligro que representaba una alianza de países “continentales” para sus posesiones de ultramar, posesiones que Gran Bretaña igualmente perdió, una a una, a pesar de haber terminado la guerra entre los vencedores.

En Gran Bretaña sembraron un terror “napoleónico” y en Francia azuzaron viejas rencillas territoriales y sepultados antagonismos. Tarde llegaron a la España de Franco y a la Italia de Mussolini (más adelante veremos, como también llegaron tarde, los “socialistas”, a la Argentina de Perón).

Así, de la mano de la inquina instigadora mancomunada de capitalistas y socialistas, comenzó la segunda guerra mundial, se aplastaron y asfixiaron los nacionalismos sociales europeos y se perpetró el proceso de “desnazificación” europea, eufemismo que encierra una de las peores cacerías humanas que recuerda la historia.

Dentro de éste proceso, se incluyó, gracias a los avances de la técnica del cine y la fotografía, un novedoso método de engaño masivo, el “Holocausto” u “Holocuento”. Parodia construida con la complicidad de los dos colosos mundiales y financiada, a un interés, obviamente usurario, por el sionismo internacional, dueño por lo demás, de la mayoría de los medios de comunicación masiva del planeta.

Sólo uniendo el poder militar y económico del materialismo mundial, se podía llegar a derrotar la verdad de los movimientos nacionalistas de tercera posición.




Pero de la experiencia autodestructiva de la guerra y más allá de la propaganda desplegada, los “vencedores” no pudieron evitar el surgimiento y la consolidación de la Unión Europea, la caída del muro de Berlín y el derrumbe y desmembramiento de la Unión Soviética.

Sobre las cenizas de la Europa devastada, los colosos materialistas se agarraron de los pelos, comenzando una desgastante y prolongada “Guerra Fría”. Pero los europeos habían aprendido la lección y comenzaron una lenta y sostenida reconstrucción que no sólo se limitó a lo material, sino que reconstruyeron rápidamente los vínculos entre sus pueblos y naciones, sumándose ahora, ya sin resquemores, el Reino Unido de Gran Bretaña, que vio, como sus “aliados” le arrebataron toda su gloria y poder del pasado, de un solo plumazo.

Así quedó el mundo dividido en dos, en el medio, la “Cortina de Hierro” compuesta por multitudinarios ejércitos y poderosísimas armas nucleares. Checoslovaquia cayó bajo el poder de los tanques soviéticos, el bloqueo soviético de Berlín Occidental, pretendió hacer arrodillar a su pueblo ante las babeantes fauces del socialismo, que imaginó (equivocadamente, ¡cuando no!) que doblegar este pueblo con el frío y el hambre, sería cosa fácil.

Pero Europa, pese a todo, seguía viva y se negaba a convertirse nuevamente en un campo de batalla. Las naciones de Europa se recuperaron del flagelo de la guerra con una rapidez admirable y gradualmente se fueron integrando, dando lugar al nacimiento de la Unión Europea.

Mientras tanto, socialistas y capitalistas continuaron su sangrienta disputa en otros territorios. El sudeste Asiático fue testigo de las guerras de Corea y Vietnam y Centro y Sudamérica, padecieron sistemáticamente los violentos intentos de instauración del modelo socialista revolucionario, exportado por la Cuba de Fidel y su ejército de guerrilleros mercenarios, terroristas inescrupulosos y delincuentes subversivos de toda especie.

Pero algunos países de Latinoamérica tuvieron lideres que habían visto y experimentado los beneficios del modelo nacionalista surgido y desarrollado en algunos países de Europa entre ambas guerras mundiales.

En la República Argentina, surge un movimiento nacional y popular, heredero de las tradiciones federales populares, cuyas raíces llegan hasta los días de la Revolución de Mayo y encarna los idearios de patriotas como Mariano Moreno, Manuel Belgrano, José de San Martín, Manuel Dorrego y Juan Manuel de Rosas.

Este movimiento reconoce claramente la necesidad de instaurar en la Patria, un modelo de Nacionalismo Social que permita forjar una gran nación, unificando la voluntad de lucha y trabajo de todo el pueblo, eliminando las incipientes luchas de clases, importadas por inmigrantes anarquistas y socialistas prófugos del viejo continente.

La construcción de una gran Nación, sólo se lograría sobre las bases de la unidad de todas las clases sociales que forman el pueblo, el amor de éste pueblo a la Patria, el trabajo fecundo y la justicia social.

De la fusión de los términos: Nacionalismo + Justicia Social, el líder natural de éste nuevo movimiento, el General Juan D. Perón, crea el término JUSTICIALISMO.

“Movimiento Nacional Justicialista” fue la denominación con que el mismo Perón bautizó a su movimiento político, económico y filosófico. Nótese la ausencia del término “socialista” en la denominación que el Gral. Perón eligió para su movimiento. La omisión no es casual.

El Peronismo o Justicialismo es doctrinaria y filosóficamente la versión argentina del Nacionalismo Social Europeo, es la antítesis del “Socialismo Internacional”, si no, ¿cómo se puede explicar, que fuera justamente Francisco Franco, quien le diera al Gral. Perón asilo político en España, cuando las fuerzas vernáculas del materialismo de izquierda y derecha, vergonzosamente “aliadas”, consiguieron derrocarlo?

El alejamiento del Movimiento Nacional Justicialista del poder en 1955 permitió nuevamente que nuestra patria se convirtiera, en tierra fértil para los emprendimientos opresivos, fraudulentos y “entreguistas” de la “oligarquía cipaya”, financiados usurariamente por la banca sionista internacional, hechos que precipitaron a nuestro pueblo a una situación de injusticia social, que sirvió de caldo de cultivo para que finalmente germinara la violencia revolucionaria importada por los “socialistas”, siempre dispuestos a dejar la utopía romántica y tomar la ametralladora, cada vez que ven la posibilidad de apropiarse, un poco más rápidamente, de los recursos y las libertades de los pueblos que pretenden sojuzgar.




Comunismo, socialismo, progresismo, son alguno de los diferentes disfraces con los que se enmascara el principal instrumento de disolución nacional, paso previo a la usurpación de los recursos naturales de las naciones y a la esclavización de sus pueblos. Capitalismo y liberalismo económico, son la otra cara de ese mismo collar de dominación. Ambas son ideas que se inoculan en la mente de los hombres con el objeto de dominar finalmente su espíritu. No es casual que toda filosofía materialista, sea ésta, del signo que sea, apunte primero a destrozar la fe, la espiritualidad, el patriotismo y la unidad de los pueblos. Que centren todos sus esfuerzos en masificar al individuo haciéndole perder su propia identidad. El consumismo capitalista y la uniforme “igualdad socialista”, apuntan justamente a eso.



Socialismo y capitalismo, son el anverso y el reverso de una misma moneda y si no aprendemos a despreciar de una buena vez esta moneda, terminaremos vendiendo nuestras almas y nuestra patria al mismo precio que Judas Iscariote vendió a Jesús.



Mientras tanto, sobre las ruinas humeantes de la razón se levantan, sin modestia alguna, quienes se proclaman con orgullo “socialistas”, “progresistas”, “liberales” o “capitalistas”, eso si, todos ellos, lo hacen utilizando un común denominador, se definen a si mismos como “DEMOCRÁTICOS”.

Con la derecha o con la izquierda, enarbolan, como verdades absolutas, un cúmulo de argumentos falaces, que increíblemente, les ha permitido consumar, la mayor estafa de la historia de la humanidad, quedará en nosotros, LOS NACIONALISTAS, el poner las cosas definitivamente en su lugar.




Imágenes: “GENTE EN SU SITIO”

1986 by Joaquín Salvador Lavado

Ediciones de la Flor S.R.L.

Autor: GAM
República Argentina

OEA: El Altar de la Demagogia

Contrariamente a lo que en principio puede parecernos, los sucesos ocurridos en Honduras tienen un lado positivo, un lado que la prensa nacional e internacional se ha negado sistemáticamente a comentar y analizar.

Este lado, ni más, ni menos, es el verdadero rol, que la nueva sociedad de la información: materialista y globalizada, le asigna, a la voluntad y soberanía populares, en las naciones, que han adoptado formas de gobierno republicanas y representativas.

Una suerte de sacralización de la autoridad derivada del sufragio, en particular de la figura del ejecutivo, parece eclipsar el vital equilibrio de poderes, que hasta un pasado no muy lejano, constituía el más sólido argumento que esgrimían los demócratas del mundo, para destacar las virtudes del sistema.

Sin este necesario equilibrio, la democracia se convierte, sin atenuantes, en la dictadura de los números, es decir, en la dictadura de las mayorías simples. Algo que ha demostrado ser, a lo largo de toda la historia de la humanidad, intrínsecamente nocivo para el sostenimiento de los supremos ideales de paz y libertad.

Que democracias incipientes, desnaturalizadas y demagógicas, caigan en el error conceptual, de privilegiar el resultado de una elección, por sobre la vigencia del estado de derecho y el imperio de las leyes preexistentes, no debería asombrarnos. Pero que organismos como las Naciones Unidas, la OEA o incluso los gobiernos de países como los Estados Unidos de América y los integrantes de la U.E, asignen al populismo electoralista ilegal y mañosamente impuesto en gran parte de Latinoamérica, el mismo valor que a las instituciones democráticas representativas, NO PUEDE SER UN ERROR ACCIDENTAL.

Algo nos dice, que un gran cambio se ha producido, subrepticiamente, en el pensamiento y la moral de estas organizaciones y estados. Sin temor a exagerar, bien podríamos decir hoy, a la vista de lo ocurrido en la hermana República de Honduras, que para la OEA y la ONU, los gobiernos de Hitler y Mussolini deben aparecer ante sus ojos como democracias dignas de ser respetadas, ya que si de ganar elecciones se trata, ellos indudablemente cumplirían con el requisito. Por lo demás, si alguien hubiera intentado “destituirlos”, incluso sin más violencia que un arresto y posterior exilio, hubieran sido tildado de “golpistas”, monstruos inhúmanos, con quienes ni siquiera es digno sentarse a conversar.


¿Qué está pasando hoy en día en Latinoamérica? ¿Qué puede motivar ese cambio de actitud? ¿Qué a producido este sorprendente y escandaloso giro filosófico y político de las organizaciones internacionales? La respuesta es simple y de tan simple, pasa inadvertida. El mundo y sus valores han cambiado, en la actualidad, el objetivo de las organizaciones internacionales ya no es la lucha por la libertad, ni por la implantación de un sistema internacional que la garantice. El objetivo de las organizaciones internacionales, hoy en día, es disciplinar y mantener la PAX ROMANA.

El orden hegemónico mundial, sólo busca “Gobernadores” y “Pretores” funcionales a sus intereses económicos, sin importarle que hacen estos nuevos “Herodes”, con la libertad y autodeterminación se sus respectivos pueblos y naciones. Históricamente, quienes “hicieron bien los deberes” con el poderoso de turno, han mantenido un generoso crédito, a la hora de llevar a cabo, todo tipo de avasallamientos y atropellos en el plano de sus gestiones “internas” de gobierno.

De esta manera, las organizaciones, que en el pasado fueron creadas para salvaguardar la paz de las naciones y la libertad de sus pueblos, se han convertido en nuevas y sofisticadas herramientas de presión y dominación. Lo ocurrido en Honduras es un ejemplo palmario, que al menos, en gran parte de Latinoamérica, no gobiernan los pueblos a través de sus representantes e instituciones republicanas, sino los títeres y monigotes que nos proponen y luego sostienen, desde los centros del poder “global”, poder que desde hace décadas, no es de izquierda, ni de derecha, es financiero.


Cuando el materialismo global, aun dirimía cual sería “la forma” de explotación que resultaría triunfadora, es decir, mientras el comunismo y el capitalismo, libraban su última batalla, en las postrimerías del siglo XX. Las recetas impartidas para disciplinar a sus respectivas colonias fueron siempre autoritarias: dictaduras militares de izquierda o derecha, según el color del tablero donde estuvieran paradas las fichas. En nuestro continente, la receta impartida desde el centro del poder hemisférico, era: dictaduras militares de derecha para frenar el comunismo y liberalismo económico para asegurarse la fácil depredación y sometimiento de nuestros pueblos. Y en esa lucha nos involucramos todos, global y estúpidamente apasionados, derramando sin reparos, lo más precioso que teníamos, la sangre de nuestros pueblos, hipotecando el legado de nuestros mayores, desoyendo los consejos de San Martín y Bolivar y entregándonos “inconsciente” y mansamente al nuevo yugo.


Hoy la receta ha cambiado, ahora nuestros pueblos y naciones deben padecer: POPULISMO Y CORRUPCION. Nuevamente, el poder financiero internacional, hoy definitivamente unificado, se rasgará las vestiduras contra cualquier forma de autodeterminación y de gobierno que desobedezca el orden por ellos establecido. El populismo y la corrupción, son las llaves que abren nuestras fronteras nacionales al negocio más cruel, inhumano y rentable que ha conocido la especie humana: el narcotráfico. En este “negocio”, se conjugan las grandes ganancias, con una perfecta degradación física y moral del pueblo, lo que actúa como un reaseguro sumamente eficaz, en el esquema de dominación de nuestros pueblos e instituciones.

Por eso digo, que el valeroso ejemplo que nos ha dado el pueblo y las instituciones de la hermana República de Honduras no debe pasar inadvertido. Un país pequeño y pobre enfrenta con orgullo un perverso frente internacional de corruptos y prepotentes representantes de la decadencia latinoamericana, muchos de los cuales, todavía tienen fresca en sus manos, la sangre de miles de compatriotas.


Apoyemos de todas las formas posibles, la independencia y libre determinación del pueblo y las instituciones de Honduras. Rompamos su aislamiento llevándoles todo el respeto, amor y solidaridad de los pueblos libres. Pongamos al servicio de su causa, que es la causa de todos nosotros, nuestros brazos y corazones. Sin egoísmos, sin reparos, sin condiciones, como verdaderos hermanos.


Autor: GAM
República Argentina
 
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